Car crash

Aniversario

RafaVaron

Casualidad de las casualidades y todo casualidad. El Día de la Arqueología cae en 11 de julio. Este día mi vida normal de arqueólogo -o lo que sea que se entienda por “normal” y por “arqueólogo”- va a estar teñido por el recuerdo.

Ese mismo día, en 2008, yendo a excavar -una gran obra, en mi cabeza todo prisas y agobios-, volqué con el todoterreno. Afortunadamente iba solo; con mi estrés, eso sí. Una curva demasiado rápida me puso boca abajo en un trigal, a un paso del siniestro total y a un poco más de haberme quedado allí.

Después de organizar todo para el traslado del buga, de que llegase la policía -patrulla, secretas, eran otros tiempos en Euskadi-, y pudiese contactar con mis compañeros, llegó la ambulancia y me traslado al hospital, pero solo un rato. Lo justo para que me dieran el alta y pudiese volver al campo.

Todo eso paso. Y algo más. Hoy es el día que esbozo una sonrisa de agradecimiento al recordar la cara de susto de mis compañeros Lorena y Etor, que vinieron a verme al lugar del crimen. Que se preocuparon infinito por cómo estaba el coche, pero que estaban mucho más preocupados por como estaba yo. Que no me dejaban dormirme, que me animaban continuamente y que me metieron en la ambulancia para que me marchase de una bendita vez.

Y llevo ya desde entonces, todos los 11 de julio, celebrando la vida, incluso la dedicada a la Arqueología. La celebración incluye, siempre, mi agradecimiento a mis dos compañeros, al desvelo que pusieron y a la atención que me prestaron.

Gracias a ambos. Hoy mi día va a ser mejor.